Mirarte de cerca me reduce,
me hace diminuta,
como por miedo
a que el amor me engulla
y mi voz se pierda en tu garganta.
Aproximarme a ti
es pisar las rosas
que yo misma cuidé
en tus arenas movedizas,
donde crecen fértiles las dudas
y nuestra frescura.
Llegar a ti es dar pasos atrás,
conocer la dirección contraria,
la que va justo a alejarme de ti,
aunque estemos enfrente.
Y aún así,
me alegras,
porque esta torpeza nuestra,
este miedo a mí sin ti
sabe que es mejor así,
que sin sueños ni esperanzas.

Llegué aquí gracias a la recomendación de una amiga. Una buena recomendación. Un placer leerte. Seguiré haciéndolo. Enhorabuena.
ResponderEliminarMuy buen poema, torpezas exquisitas, en las que muchos coincidimos.
ResponderEliminar