A VENTANA CERRADA, POEMA QUE FLUYE
Las cosas que te decía,
no eran mentira
eran secreto,
y lo que mi hombro derecho
lloró en el tuyo,
nunca lo supo mi izquierdo.
Si te parecí un espejismo de pez
entre las olas de tu apetito,
recuerda las flores de azúcar
tras la escarcha,
y mis besos asados
bajo el mes de agosto.
Las cosas que te decía
eran verdad
aunque secreto,
por eso,
nunca levanté la voz
de tu pecho,
y así,
los susurros
cavernarios
inventaron el fuego
y el eco.
¿Y qué si nadie pudo verlo?
Vivimos de las rendijas,
del invento,
de la parte de atrás de los muros,
del otro lado de la puerta,
y del secuestro
más libre del mundo.
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