
Si dibujara mis anhelos,
en la cuartilla tú, con colores ocres,
con el atardecer llegándote por la espalda
esperando que te vuelvas
y lo mires.
¿Quién no intentaría
retratarte a ti?
Con pinceladas densas,
suaves, como si fueran tus labios
los que llegan al papel,
o con el dedo,
dibujándote a surcos en la arena
para que te llenes de sal y espuma
y de claros de luna llena.
Y ya sin ti,
-en un lado que no es el mío-
poder recordarte
y volver al milagro de tu imagen,
aunque me tiemble la pena
y me consuma pensando,
que alguien te tiene de veras.
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